sábado, 21 de septiembre de 2013

El 300 del Born

Aprovechando el fantástico día que hacía hoy, fui con Alvarete y la pequeña Claudia al Parque de la Ciudadela para que jugaran un poco gracias a las diferentes actividades que hay allí para los niños en las Fiestas de la Mercé.

Comenzamos la ruta sobre las 13 hrs. y a las 15 hrs. estábamos muertos de hambre así que ya que estaba por la zona decidí entrar a las jornadas de puertas abiertas del Centro Cultural del Mercat del Born y de paso aproveché para comer en el recién estrenado espacio gastronómico El 300 del Born y me apetecía porque la cocina la dirige el chef Jordi Vila, y los que me conocen saben que desde hace años el Vivanda es mi restaurante preferido.






El sitio estaba bastante lleno pero tuve suerte y no tuve que esperar más de 10 minutos para que me dieran una mesa lo suficientemente grande para los niños y la trona de la pequeña (un puntazo que la tuvieran porque hay sitios que a veces olvidan que los padres no por tener niños dejamos de comer en los restaurantes).

La carta está muy bien repartida entre desayunos, vermuts, merienda y los platillos para comer propiamente o como ponía en la carta (a la guerra) y con una gran variedad, si bien en la carta hay algunos que aún no están disponibles a pesar de que los mencionan. Platillos que evocan una comida catalana tradicional pero al mismo tiempo con toques modernos como en el Vivanda.

Para los peques fui a lo seguro  (había platillos para los niños) y a ambos les pedí la cazuelita de macarrones a la barcelonina que estaban deliciosos, una ración generosa para los niños, por lo que lo puede pedir perfectamente un adulto y queda más que satisfecho, la carne, el queso gratinado, la salsa tenía un sabor a la cocina de las abuelas.


Quería probar tantas cosas pero sabiendo que no me lo acabaría yo sola, pedí unas patatas bravas  (Patatas Felip V) porque los platos tiene nombres históricos, lo cual me pareció muy original, y en la parte trasera de la carta que está la explicación de los mismos, las patatas estaban estaban también muy buenas, con un alioli muy suave y una ración más que correcta , pan con tomate (Triticum) que estaba hecho de cereales y quizás un poco duro para mi gusto, acostumbrada a la coca de cristal del Vivanda que se deshace en la boca, de segundo (por así decirlo, me pedí el Rostit Sant Antoni, un delicioso pollo al horno con ciruelas, cebolla y piñones que me recordaba esas contundentes  comidas de las navidades y que aún quedan lejos, un cuarto de pollo, de carne suave y jugosa que se separaba fácilmente del hueso y que estaba realmente para chuparse los dedos.






Al final los peques no pudieron acabarse los macarrones e hice de "coche escoba" con mucho gusto lo que hizo que ya no me quedara sitio para el postre y allí acabamos nuestra  experiencia en este nuevo espacio cultural.

Debo decir que el servicio es muy amable, un poco desbordados por la cantidad de gente que había pero que aún así trataban de que el cliente no esperase demasiado. El espacio es muy informal abierto y con una pantalla gigante que permite ver imágenes de las obras del Mercat mientras comes y lo hace muy dinámico y diferente.


En definitiva mi experiencia ha sido muy buena, la comida me ha gustado mucho, los precios en la línea del Vivanda, la cuenta al final nos salió con las bebidas, dos aguas de medio litros y un refresco de limón por 43,35 €.


Callejeando de vuelta descubrí muchos lugares nuevos que han dado mucha alegría al barrio en el que viví durante cuatro años, aún se mantienen históricos en la calle Assaonadors como el Pla de la Garsa al que tantas veces fui y me di cuenta de que tengo al barrio un poco olvidado desde que vivo en Sant Gervasi y hay sitios con mucho encanto que vale la pena visitar.


 
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