viernes, 11 de octubre de 2013

Chez Cocó.

Vaya por delante que he ido a este restaurante en dos ocasiones y debo decir que me encanta. Es curioso porque tarde bastante en ir desde que lo abrieron y está  muy cerca de casa, andando a cinco minutos, pero o no encontraba el momento, o cuando quería reserva me daba cuenta que era el día que cerraban, en fin que por aquello de tenerlo tan cerca das por sentado que acabaras comiendo o cenando allí cualquier día y al final el momento se alarga.

Es un restaurante realmente acogedor, con una decoración muy propia, muy francesa como corresponder a un restaurante que se autodenomina rotisserie. Absolutamente diferente a otros restaurantes en cuanto a decoración, lo convierte en una especie de joya, en la que por momentos te sientes dentro del Orient Express.

Para las personas con sensibilidad por el diseño, la belleza de muebles y tapicería resulta un placer comer en un sitio así, y debo decir que yo soy de las que disfruto al comer en un restaurante de todos los detalles, tanto del local, como del servicio y por supuesto la comida, y me fijo en muchísimos detalles y Chez Cocó los cuida mucho.






La primera vez que estuve allí comí en el espacio que está al fondo del salón con grandes ventanales de cristal  justo antes de la terraza y la segunda vez que es la que reseñaré estuve en la terracita ya que hacía un día estupendo.




En la primera visita probamos para compartir una ensalada de tomates y aguacate que estaba muy fresquita y muy buena, y unos huevos ratatouille que estaban muy buenos pero que no repetiría ya que son densos y más un plato para invierno creo, y de segundo el pollo tomatero que en aquella ocasión lo pedí con salsa barbacoa y guarnición  de arroz basmati francamente todo muy bueno.

Como en aquella visita no hice fotos entretenida como estaba en la charla con dos buenos amigos, he aprovechado una segunda visita más sosegada para inmortalizar los platos y hablaros un poco sobre ellos.

En esta ocasión para compartir optamos por una Torta de Trujillo, absolutamente cremosa y tibia en su interior, con porciones de coca de cristal tostadita, todo de un sabor intenso pero a la vez delicado al paladar, una auténtica sorpresa de sabor que recomiendo mucho.


Fue un auténtico visto y no visto, en pocos minutos la torta quedó como os la muestro:



De segundo probamos el pollo tomatero, yo quería probarlo con otra salsa y otra guarnición y porque ese día me apetecía como un buen pollo asado y punto. Opté por el pollo a las hierbas con guarnición de espinacas con piñones. El pollito estaba jugoso, por fuera la piel estaba tostadita y las hierbas, sobre todo el romero le daba un sabor intenso al asado. 

Me sorprendió que en la primera visita la salsita y la guarnición venían servidas en cazuelitas de lo más cucas, y en esta ocasión se trataba de pequeñas salseras y cuencos de  porcelana. 


Disfruté mucho del pollo y las raciones fueron las justas para no llenarme lo suficiente como para no probar el postre, en esta ocasión elegí el flan de queso Idiazabal que fue lo que más disfruté de toda la comida, se me ponía los ojos en blanco en cada cucharada, un postre exquisito como hacía mucho no probaba. Un cuenco de flan  con  una fina capa de  caramelo, ya que el sabor me recordaba más que a la miel al caramelo de arce tan típico de los pancakes americanos y un cuenco de cookie crumble, que le daba un contraste de texturas que lo hacía muy divertido.



La cuenta nos salió por 52 €, nada mal para la calidad y cantidad de lo que comimos y que nos dejó absolutamente satisfechos. Un restaurante que seguramente volveré a repetir.

Chez Cocó
Avda. Diagonal 465
Tel.93 444 98 22

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